Ha habido casos sonados: una aerolínea cuyo chatbot prometió un reembolso inventado (y tuvo que pagarlo), textos publicados con el clásico “como modelo de lenguaje, no puedo…” sin revisar, o respuestas con datos falsos enviadas a clientes.

La lección: la IA potencia, pero no se deja sola en lo importante. Revise lo que sale antes de publicarlo, defina límites claros (qué SÍ y qué NO puede decir), y mantenga a un humano en las decisiones sensibles.

Bien usada, la IA da una imagen impecable; mal usada, lo exhibe. La diferencia es el diseño y la supervisión.