Valuar una empresa para compra-venta es de los análisis más finos que existen: estados financieros, múltiplos, proyecciones, escenarios. En nuestra propia firma de inversión, cada valuación tomaba dos días de trabajo concentrado.
El problema no era la dificultad — el equipo la domina. Era la repetición: cada empresa nueva significaba rehacer el mismo andamiaje de cálculos desde cero.
Construimos un modelo propio que hace el trabajo pesado: procesa los números, arma los escenarios y entrega el análisis listo para que el criterio humano haga lo que ningún modelo hace — juzgar.
De dos días a una hora. En un negocio donde las oportunidades se enfrían rápido, responder veinte veces más rápido no es comodidad: es ventaja.
Y de paso se canceló el software anterior: nueve mil dólares anuales menos.