Para la IA el texto no son palabras: son “tokens”, pedacitos que pueden ser una palabra entera, parte de una o un signo. “Ferretería” puede ser tres o cuatro tokens.
Esto explica dos cosas. Una: por qué los servicios de IA cobran “por token” y no por palabra. Dos: por qué algunos modelos fallaban en tareas que parecen tontas, como contar letras: trabajan con bloques, no con letras sueltas. Los más recientes lo resuelven mucho mejor, a menudo razonando paso a paso o usando herramientas.
Saberlo te ayuda a entender los costes (textos largos = más tokens = más caro) y a no sorprenderte cuando la IA tropieza en algo que para ti es trivial. Ejemplo en empresa: el coste mensual de un asistente de atención al cliente depende sobre todo de cuántos tokens consume cada conversación.