La sorpresa para muchos: usar IA en tareas de negocio cuesta centavos por operación, no fortunas. Un mensaje de WhatsApp contestado por IA o una cotización generada cuestan una fracción mínima.

¿Dónde se va el dinero entonces? En hacerlo MAL: elegir el modelo más caro para todo, mandar texto de más, o no poner límites.

Un sistema bien diseñado usa el modelo justo para cada tarea y controla el gasto. La inversión real no está en la IA en sí —está en diseñar bien el proceso. Por eso el ahorro casi siempre supera por mucho el costo.